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(escribe: prof. Alejandro Carreño T.) Vivimos la era del quinto poder, amigo lector. El poder de las redes sociales. El llamado cuarto poder, ese de los medios tradicionales, la prensa en sus diversas expresiones, comenzó a perder terreno para las llamadas redes sociales y sus diversas plataformas que, en muchísimos casos se anticipan a la prensa formal para informar a la población. Al quinto poder tiene acceso la mayoría del planeta que lo prefiere ante cualquier otro medio de información, o desinformación, puesto que cada uno de los miles de habitantes es un reportero en potencia, independiente de que cuente verdades o mentiras, como sucede en la prensa formal.
Y las sociedades caminan al son de las novedades. Y desde hace un tiempo bastante largo, las redes sociales constituyen la novedad que se alimentan de nuevas plataformas que afloran como la mala yerba, y sin que usted ni siquiera se dé cuenta. Cuando se visita cualquiera de estas redes sociales, el lector se encontrará con gente que habla de todo, le presenta videos, le transmite información obtenida de cualquier parte, normalmente plagada de faltas de ortografía, plaga que las sociedades se han negado a combatir, y la asumen como una especie de legítima transgresión cultural a la “impositiva” norma de la expresión escrita.
Son los “ultracrepidarios”, esa raza que surge en nuestro mundo moderno especialmente con el quinto poder, que se cree dueño de la verdad, que suele mentir, engañar, falsear a propósito o ingenuamente. Que se siente conocedor de todos los temas y no trepida en comentarlos con absoluta desfachatez en sus plataformas preferidas. Este tipo de “opinólogos” y “sabelotodo” que pululan por las diversas redes sociales y sus plataformas son, en realidad, un peligro para el lector-auditor, que busca la información veraz fundada en fuentes legítimas.
Son los “ultracrepidarios”, un término poco común en español pero que ya tiene sus años. Deriva del latín “ultra” y “crepidarius” (zapatero en la antigua Grecia). Y, como suele ocurrir con algunos términos bien añosos, el concepto se asocia a una anécdota, esta vez a partir del libro de Plinio el Viejo, “Historia Natural”, que habla del pintor Apeles y de un zapatero que critica su arte, a lo que el pintor replicó: “Sutor, ne ultra crepidam”, literalmente, “zapatero, no más allá del zapato”. Como decimos hoy: “pastelero a tus pasteles”. Una palabrita ignorada prácticamente en español, aunque millones de hablantes de la lengua de Cervantes formen parte de ella sin saberlo.
El semiólogo y novelista italiano Umberto Eco lo declaraba ya en junio de 2015 en el medio “La Stampa”, aunque sin mencionar el concepto: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Por eso, amigo lector, ante cualquier información que aparezca en las redes sociales, no importa cuál, verifíquela en los medios oficiales.
Los “ultracrepidarios”, esta legión planetaria de “sabelotodo”, de “opinólogos” de cualquier cosa, muchas veces instalados incluso en conspicuos canales televisivos y de libre acceso en las diversas plataformas, son un riesgo para la libertad de expresión, puesto que muchas veces utilizan esta libertad de expresión para engañar y falsear la realidad, creyéndose auténticos ilustrados del quinto poder.
Razón tenía Umberto Eco al llamar a este ejército de iletrados de las redes sociales “invasión de los idiotas”.
A los lectores de @gesor que realizan comentarios, en particular a quienes ingresan en la condición de incógnito, no se molesten en hacer comentarios ya no son publicados debido a que no dejan registro de IP ante eventual denuncia de alguna persona que se sienta dañada por ellos.
Igualmente reiteramos lo que hemos escrito en anteriores oportunidades, que pueden referirse con la dureza que se entienda pertinente pero siempre dentro del respeto general y no discriminando ni agraviando, o con expresiones que de alguna manera inciten a la violencia. Los comentarios son una herramienta maravillosa que debemos preservar entre todos.
































