agesor
. . . . .

Municipio de Dolores
coopace
Proyecto memoria
kechu fletes
@gesor es de acceso completamente gratuito para nuestros lectores, pero si quieres apoyar nuestro trabajo con un donativo, te damos dos opciones, la primera de un único pago de U$S2 (dolares americanos dos) o la segunda con una suscripción de U$S1 (dolares americanos uno) por mes, la que puedes realizar en pagos mensuales o un pago anual.

El equipo de @gesor agradece desde ya vuestro aporte, el que nos permitirá seguir creciendo y brindando cada vez más contenido.
Pago
Opciones de suscripción
Si quieres colaborar con un monto distinto, por favor contacta con info@agesor.com.uy indicando el monto con el que quieres colaborar y te haremos llegar el formulario de pago.
MonedaCompraVenta
38.05 41.05
0.05 0.35
7.23 9.23
40.54 45.39
El Observador El Pais La Juventud La Diaria La Republica El Telegrafo
.
Síguenos Síguenos Canal Instagram
11 de February del 2026 a las 16:02 -
Tweet about this on Twitter Share on Facebook Share on LinkedIn Pin on Pinterest Email this to someone
Educar en la era de la incomunicación
Reflexiones a raíz de la serie Adolescencia (1).
Charla realizada el lunes 10 de noviembre de 2025 en el liceo 2 de la ciudad de Salto
Reflexiones a raíz de la serie Adolescencia (1). Charla realizada el lunes 10 de noviembre de 2025 en el liceo 2 de la ciudad de Salto

(escribe prof. Pablo Romero) En primera instancia, agradecer al colega Marcelo Suárez por la generosa invitación y al equipo de dirección del liceo 2 de Salto, institución que lleva por nombre Antonio Grompone, referente de nuestra historia de la educación, por lo cual es todo un honor el poder estar aquí, dialogando con su comunidad.

Antes de iniciar mi exposición estuvimos viendo fragmentos significativos de la serie Adolescencia, la cual impacta desde la primera escena, potenciada por una estética de filmación en un solo plano que te mete de lleno en lo que está sucediendo, sin respiro alguno. Y lo que sucede es brutal, por cierto. Dentro de las escenas seleccionadas, se hizo foco particularmente en ese diálogo central que se da entre los padres luego de que se van dando cuenta de la culpabilidad de su hijo y en donde la sensación de culpa comienza también a apropiarse de ellos, preguntándose respecto de los errores que podrían haber cometido en la crianza, cuestionando a fondo sus roles paternos y maternos. Y es desde ahí que tomé algunos puntos de reflexión para compartir, para pensar juntos, y que voy a focalizarlos en relación a la familia, las instituciones educativas y los tiempos que vivimos.

Creo que la primera pregunta que deja flotando la serie, la sensación con la que uno queda al verla, es la cuestión de si no estamos incomunicados, si no estamos desconectados. Se nos dice que vivimos en la era de la comunicación, que vivimos en la era de las conexiones, pero parece ser que la gran crisis que tenemos en todo caso está relacionada justamente con las desconexiones vinculares, con la falta de comunicación interpersonal de calidad, con su sentido significativo en cuanto nos humaniza. O sea, la pregunta inicial es si no estamos incomunicados en esta llamada era de las comunicaciones. Esta cuestión aparece claramente en ese diálogo confesional, muy duro desde lo emocional, que tienen los padres, los cuales están muy presentes en la vida de sus hijos, siendo este punto un acierto que tiene la serie, porque muchas veces pensamos que estas situaciones dramáticas, que implican un accionar delictivo grave de un hijo adolescente, se dan en familias fragmentadas, disfuncionales, con padres ausentes de la vida de sus hijos, en sectores vulnerables de la sociedad. Y acá tenemos, por el contrario, a padres comprometidos, pertenecientes a una clase media trabajadora. Pero, sin embargo, ese mismo diálogo revela cuestiones que indican que los modos de estar tienen sus dificultades y afectaciones. Vemos que el padre por una cuestión de horarios de trabajo está muy poco en la casa y cómo la madre a pesar de estar más tiempo en el hogar tampoco tiene instancias de diálogo de calidad con sus hijos. Y, entonces, aparece una desconexión desde lo vincular. No es solo estar físicamente, sino el modo en que se pone en práctica esa presencia desde la profundidad del vínculo. Y los padres desnudan, reconocen allí, una falencia al respecto.

Y esto es importante como primer punto, porque a pesar de que tenemos medios y posibilidades de comunicarnos como nunca antes, lo que sigue siendo decisivo es la calidad humana de esa comunicación. Cada vez nos comunicamos más, por ejemplo, estando encerrados en un cuarto, a través de un aparato, dejando de lado la presencialidad, incluso dentro de la misma casa que habitamos con otros, en nuestro círculo más íntimo. Y esto tiene que ver con esta falta de diálogo y escucha que se está profundizando desde hace un buen tiempo en nuestra sociedad. La serie retrata con precisión las dificultades del diálogo intergeneracional e intrafamiliar, la incapacidad de escucharnos. Se ha perdido buena parte de conversaciones que son claves en la vida de todos y particularmente en la de nuestros jóvenes. En muchos hogares ya no se dan espacios de encuentros que antes eran sagrados, donde aunque uno tuviese una vida muy activa tenía ese momento compartido en una mesa a la hora de comer, donde nos contábamos cosas y le preguntábamos al otro cómo se encuentra. Hoy eso está cada vez menos presente. Y cuando lo está, muchas veces aparece mediado por la pantalla. Estamos metidos en el celular, incluso en la propia mesa familiar compartida.

Hay cosas que llaman preocupantemente la atención. Por ejemplo, mandar un mensaje de whatsapp a nuestros hijos dentro de la propia casa, de un cuarto a otro, excusándonos diciendo: “bueno, pero sé que así me va a escuchar, me va a contestar”. Son fenómenos que se están repitiendo en muchos de nuestros hogares: las mesas no compartidas, los mensajes por celular a los cuartos donde uno y otro se encierran, la poca tolerancia para escucharnos. El propio fenómeno de whatsapp ha tenido como reciente cambio revolucionario el poder poner los audios al doble de velocidad y ahora nos escuchamos todos acelerados. Parecemos ardillas parlantes, porque nadie tolera escuchar audios que superen, con suerte, los dos minutos. Es sintomático de que en verdad no estamos dispuestos a escuchar mucho y tiene que ver, por supuesto, con que está fragmentada la atención, la capacidad de concentración. Esto sucede no solo en el mundo adolescente, donde es más evidente, sino también en buena parte del mundo adulto, el cual se ha adolescentizado bastante en ese sentido. Lo ves en el permanente consumo de videos breves por el celular, con jóvenes y adultos gastándose el dedo al pasarlo una y otra vez hacia arriba por las pantallas táctiles. La focalización de la atención dura pocos segundos en el consumo de un video en particular, aunque, sin embargo, pueden llegar a saltan de uno a otro durante varias horas corridas.

Entonces, cuando hablamos de comunicación tenemos que hablar en términos de su calidad. Tenemos muchas vías de comunicación, pero lo que está resentido es su calidad. Y supone, también, una desconexión desde el plano emocional. En esa charla entre los padres vemos un claro síntoma de esto que vengo diciendo cuando señalan que su hijo se encerraba en el cuarto y ellos creían que ahí estaba seguro, que nada malo le podía pasar. Así, la comunicación quedaba finalmente de lado y la desconexión emocional ganaba terreno cotidianamente dentro de la casa. En muchos de nuestros hogares sucede efectivamente que nuestros hijos adolescentes se meten en el cuarto y pasan allí horas y horas y no sabemos en qué están o qué uso le están dando al celular o la computadora. Entonces, esa es una pregunta importante que tenemos que hacernos: ¿qué pasa cuando los adolescentes cierran la puerta del cuarto y nosotros creemos que porque están ahí no hay ningún problema? De hecho, quienes han visto la serie saben que en verdad pasaba mucho, que el adolescente protagonista sufría un fuerte acoso por redes y, que a su vez, se había relacionado de algún modo con grupos misóginos, portadores de ideas radicales y violentas en contra de las mujeres. Y todo esto pasaba por la nariz de los padres, sin que ellos lo supieran.

Y desde aquí vamos al segundo punto, que tiene que ver con la crisis de la horizontalidad, que en esa misma charla se manifiesta respecto del hecho de no invadir en nada la privacidad del adolescente y que se relaciona con el hecho de no saber en absoluto qué pasaba en ese cuarto, qué problemas atravesaba su hijo en el uso de las redes sociales. Por supuesto que es importante cuidar la privacidad de nuestros hijos, pero hasta cierto punto, porque el mundo adulto tiene responsabilidades en cuanto a cómo se gestionan los vínculos entre los adolescentes y entre los adolescentes y otros adultos, incluso del hacerse cargo de cómo tramitan la crueldad hacia los demás, que es algo habitual de la edad. Muchas veces son crueles con sus pares. En la serie, esto queda patentado en el efecto brutal que tiene sobre el personaje y en la institución educativa. No es casualidad que la amplia mayoría de los proyectos de centro de nuestros liceos estén relacionados con la convivencia, porque estamos teniendo un gran problema en tal sentido. Y, como decíamos, esa convivencia debe ser atendida también en el espacio digital, pues vemos allí dificultades varias, incluso en el uso indebido que muchas veces se le termina dando a los grupos estudiantiles de WhatsApp que se conforman, con situaciones derivadas en diversos modos del acoso o a convocatorias a golpearse, por ejemplo.

Hoy vivimos otra dimensión de la violencia, que es la de la violencia que se viraliza por vías digitales, siendo a veces una continuidad o el inicio de la violencia presencial. Esto supone formas de difícil manejo y control, tanto para los padres como para los referentes de las instituciones educativas al ser una frontera que no es exactamente la del territorio familiar o institucional, sino que se genera en cualquier horario y en variados espacios y que si se da en el hogar depende, incluso, en buena medida de que los padres puedan estar al tanto de lo que pasa, del uso que se está haciendo de esas comunicaciones. A su vez, el espacio de lo público y lo privado en estos momentos es totalmente difuso. Son fronteras que parecen haberse fusionado. Entonces, es muy complicado detectar estar situaciones. Tenemos un muy difícil desafío allí.

Por otra parte, hago un paréntesis respecto del foco que pone la serie para poder ir a otra afectación que es muy importante a nivel de lo educativo, que me parece un punto necesario de reflexión entre padres y educadores, y es la referida al cómo el uso de las nuevas tecnologías está afectando el proceso cognitivo. Y aclaro de entrada que, además de profesor de filosofía, soy profesor de informática en ciclo básico de secundaria y creo que el celular y la computadora son una herramienta fabulosa si se les da el uso adecuado. Siempre son un medio, no un fin en sí mismo y lo que suceda con su uso es lo que hacemos con ellas. O sea, lo bueno o lo malo de su utilización depende exclusivamente de nosotros, del sujeto y no del objeto. Lo cierto es que hoy priorizamos un consumo fragmentado, breve y superficial de contenidos digitales, lo cual está influyendo negativamente en el proceso educativo de nuestros estudiantes, particularmente en lo referido a la economía de la atención, que cada vez está más disminuida. Los docentes lo vemos cotidianamente en el aula. Realmente es complicado que los alumnos no se distraigan con el aparato tecnológico, que soporten escuchar más de unos pocos minutos al docente en la explicación teórica de un tema. Es todo un problema que estamos teniendo en el aula y diría que en todos los espacios cotidianos. Pero el proceso educativo está siendo particularmente dañado por esta realidad, porque la profundidad del pensamiento requiere de concentración, de prestar la debida atención. Creo que todos los docentes aquí presentes hemos pasado por procesos similares. Por ejemplo, hace unos años atrás mandábamos usualmente repartidos de varias páginas y hoy prácticamente nadie lo hace, porque no los leen. Hace poco en un curso de sexto año le di a los estudiantes un repartido que tenía cinco carillas, que incluían algunos dibujitos explicativos, porque uno sabe que por ahí quizás se los puede enganchar un poco más, y uno de los alumnos me pregunta muy espontáneamente si ese repartido era para todo el año. Y estamos hablando de estudiantes pre-universitarios. Esto lo vemos reflejado hoy mismo en que en muchas de nuestras facultades están haciendo cursos de nivelación porque hay un déficit de capital cultural incorporado, de comprensión argumentativa y dificultades en la lectoescritura que es muy notorio.

Algunos autores han comenzado a hablar de analfabetismo funcional. Ya no es el analfabetismo de antes, que refería a la lectoescritura. Hoy la mayoría sabe leer y escribir, pero si no sabés discernir críticamente en el mundo de la información, en el mundo del conocimiento, si no podés enfrentarte reflexivamente a esa información, en estos momentos sos un analfabeto. O sea, tenemos un nuevo modo del analfabetismo. Es un problema que está atravesando todo el sistema educativo y que estalla particularmente en algunos niveles. Por supuesto, los profesores le echamos la culpa a las maestras, los docentes de facultad a los profesores de secundaria y así vamos, pasándonos la culpa entre todos, pero es algo que atraviesa todo el sistema educativo y es global. No es un fenómeno solo de Uruguay, aunque tenemos características peculiares que son muy preocupantes. Por ejemplo, tenemos demasiados diagnósticos de TDAH, o sea, del Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad. Les recomiendo, si tienen interés en el asunto, leer la tesis de María Noel Míguez -que es una investigadora de nuestra Facultad de Ciencias Sociales de UdelaR- titulada La sujeción de los cuerpos dóciles, en la cual refiere a la medicalización abusiva de la infancia en Uruguay 2. Nuestro país tiene, por ejemplo, una elevada medicalización de niños con Ritalina. Y esta investigadora, que ha desarrollado parte de su investigación en instituciones educativas de contexto crítico, señala que el problema es en muchas situaciones cultural antes que fisiológico. Vivimos en un mundo donde nuestros niños y jóvenes están hiperestimulados a la par que tienen una concentración fragmentada, marcada por la inmediatez y la brevedad. El aprendizaje requiere morosidad, atención, profundidad, largo plazo. Lo cierto es que varios de nuestros estudiantes rebotan en el salón de clases y se pierden rápidamente de algunos contenidos, sobre todo si tienen cierta complejidad. Y se produce entonces un inevitable choque, zanjado a veces erróneamente con tempranos diagnósticos de TDAH, nos advierte Miguez.

Recuerden que en pandemia, donde todos migramos rápidamente a las plataformas educativas, fueron los alumnos provenientes de los quintiles más bajos los que se desconectaron al poco tiempo. Y en los trabajos de investigación que hizo la ANEP respecto de los motivos, resulta que en la mayoría de los casos lo que pasaba era que no comprendían las consignas que los profesores les dejaban en plataforma. Y no es que, en general, fuesen cuestiones complicadas. Hay dificultades en la comprensión de consignas simples. Esto genera que muchos alumnos se desconectan de nuestras clases rápidamente y en ocasiones la situación termina asociada al diagnóstico de TDAH y la consiguiente medicalización.

Otro aspecto preocupante que estamos viendo más seguido en lo cotidiano y que es casi criminal es el hecho de que se les dé a niños pequeños, incluso de dos o tres años, el chupete electrónico, que se les dé un celular, sea porque se están haciendo actividades en nuestras casas y no se les puede prestar atención, sea porque creemos que no hay ninguna cuestión negativa y resulta entretenido o por los motivos que se quieren colocar como excusas, sin advertir el grado de adicción y afectación que esto tiene en el sistema nervioso del niño o niña. Hay que ser sumamente cuidadoso con la herramienta tecnológica, con los tiempos, los modos y las edades en que se entra en contacto con ella. Se enciende el celular, se apaga el niño o niña.

Esto era un paréntesis había dicho porque la serie no se focaliza en este punto, pero me parecía importante traerlo a colación en tanto estamos en una institución educativa y con padres y madres presentes.

Hablando de los padres, entrando ahora sí de lleno en el segundo punto, tenemos el problema de los referentes adultos desconcertados. Y no solo refiere a los padres, sino también a la institución educativa. En el liceo donde asiste nuestro protagonista vemos que se dan hechos de violencia y se observa a los profesores totalmente fatigados, sobrepasados, mirando para el costado, sin poder poner límites. Pero yendo a la figura paterna, en el vínculo con su hijo hay una cuestión problemática que se explicita cuando recuerda que su padre lo golpeaba, que es parte de una generación en donde el concepto de autoridad era el del autoritarismo, que suponía en ocasiones educar sobre el cuerpo del otro por medio de los golpes, señalando que él ha querido alejarse de ese modelo, no querer ser como era su padre y buscar, por el contrario, un acercamiento más horizontal y afectivo con sus hijos, pero reflexionando que quizás cometieron algún error al respecto, aunque no logran visualizarlo. En tal escena, los padres finalmente se consuelan señalando que creen haber hecho bien la tarea, haber sido buenos padres, aunque la madre agrega una frase contundente: “pero nosotros lo criamos”, haciéndose cargo en algún modo de lo que ha pasado y lo que al respecto les toca en términos de responsabilidades. Y esto creo que es parte también de lo que hablaba al comienzo: tenemos dificultades en el acercamiento intergeneracional, asociada en parte a una crisis de la horizontalidad. Por un lado, ha sido muy importante romper con el modelo autoritario y violento, pero, en términos freudianos, no hay que dejar de lado la tarea de fijar el superyó, o sea, marcar los límites, establecer las normas y dar la necesaria orientación ética al sujeto en formación. Y ahí parece ser que hay un mundo adulto que está fallando, que no está tan presente o que recurre al ponerse simplemente en plan de amigos de sus hijos. Está muy bien tener una sólida relación afectiva emocional, ser lo más cercano posible, pero también hay que poder cumplir con un rol adulto (y docente en el caso de los educadores) que a veces requiere marcar límites con claridad. A su vez, hay un mundo adulto en el cual los adolescentes se miran, del cual somos su espejo, que es violento. Justamente, si bien la serie hace foco en la violencia que se desata en el mundo adolescente queda patente que es reflejo de lo que estamos viviendo en el mundo de los más grandes.

Habitamos una sociedad del impulso, con una crisis en la convivencia, con falta de control a la hora de dirimir los conflictos. Por supuesto que la violencia es inherente a la condición humana. Desde que hemos pisado este planeta está presente y lo estaba, por lo tanto, también en nuestras generaciones y en la de nuestros padres y abuelos, pero quizás hoy escala de otro modo y con códigos que la hacen más compleja, que se prolonga en las redes, que se viraliza, como ya hemos dicho. Y esa viralización que se da lleva a que el problema siga y siga. Hace un par de años hubo una convocatoria por redes sociales entre bandas rivales de adolescentes para enfrentarse en las afueras de uno de los shopping de Montevideo. La convocatoria a pegarse terminó siendo masiva y se vieron prácticamente todos sus detalles a través de lo que los propios jóvenes iban subiendo a las redes. Mientras unos se golpeaban otros se dedicaban a levantar su celular para filmar e ir atrás de la captación del me gusta, de la cantidad de likes, de ser virales.

Y esto ya nos introduce en el tercer punto, sobre el que quiero profundizar, pues algo ya hemos dicho al pasar: el uso poco deseable de las redes sociales por parte de algunos adolescentes. En la serie, la violencia también transcurre y se extiende en las redes, Se dan los escraches digitales. De hecho, el protagonista sufre una situación muy violenta en ese sentido y en algún punto es lo que desencadena la peor de las reacciones posibles. También hay una escena muy significativa donde el investigador policial del caso habla en la institución educativa con su hijo, que es compañero del protagonista, y es su propio hijo quien lo desasna respecto de algunos tipos de emoticones que se utilizan en las redes, del sentido relacionado con el ciberacoso al protagonista, siendo un mundo del cual el investigador policial no tenía ni idea y por lo tanto tampoco tenía en cuenta ese antecedente. Lo que para el investigador era un emoticón de lo más común, en verdad resultaba ser muy agresivo en lo que estaba expresando y era una fuerte prueba de lo que venía padeciendo el protagonista a través de las redes sociales. Y esto vuelve a plantear el asunto que coloqué al comienzo. A veces, los adultos por no estar en ese mundo, por no querer ser invasivos en modo alguno, terminamos estando totalmente por fuera del espacio donde los adolescentes habitan buena parte de su existencia. Con los debidos cuidados, hay que saber qué pasa ahí, acercarse, escuchar y dialogar al respecto. Tenemos una generación que está marcada por la imagen y en donde ser es aparecer, donde se corre atrás de la posibilidad de ser virales en las redes, incluso como víctimas. Como docente, vivencié de primera mano algún caso en donde hasta el estudiante que aparecía golpeado, y tenía una viralización de miles y miles de reproducciones, celebraba su fama pasajera por las redes.

Vivimos en la sobreexposición y la mirada del otro nos condiciona cada vez más. Es una sociedad de la hipervisibilidad, donde el mostrarnos es un modo de existir. Y, además, hay una cuestión que incluye un marcado énfasis en el mostrarse de un modo exitoso y ser un influencer. Hoy en día esto aparece como un objetivo. Hay una cultura del logro y la exposición permanente que incluso genera autoexplotación. En tal sentido, vale la pena aterrizar en el planteo del filósofo surcoreano Byung-Chul Han y lo que enfatiza desde su obra La sociedad del cansancio, la cual tiene en buena medida el desarrollo central de los puntos que plantea en varios de sus otros destacados ensayos. Han habla de modos de la autoexplotación que padecemos, haciendo hincapié en los últimos años en lo que refiere al uso de las nuevas tecnologías, en cuestiones de las cuales hemos estado hablando, en esta fase más negativa del uso de las nuevas tecnologías. Y voy a tomar esa cuestión de la autoexplotación vinculada al punto de que muchos de nuestros gurises pretenden hoy en día ser streamers, youtubers, influencers, modos de emprender la liturgia del yo que no dan respiro y exigen estar construyendo contenido todo el tiempo, a cualquier hora. Sos tu propio gestor del trabajo y muchos de nuestros gurises tienen esta idea: voy a abrir mi canal en redes, a convertirme en un famoso influencer, siempre fuera del mundo formal del vínculo laboral. Y así se van forjando en una lógica donde pierden en buena medida no solo su libertad sino también sus derechos como trabajadores. Muchos creen que la cuestión de la tecnología los va a salvar y por ahí resulta que están toda la madrugada conectados, buscando alcanzar ese objetivo. Entonces, quizás habrá que desconectar el wifi o ver qué pasa en el cuarto, pero no puede ser que lleguen, por ejemplo sin dormir al liceo. El proceso educativo, el proceso cognitivo requiere sujetos activos, despiertos tras haber descansado adecuadamente.

El cuarto punto que remarco es el de la crisis del concepto de masculinidad y cómo afecta en particular a los adolescentes, La serie denuncia la existencia de nichos misóginos que se han ido construyendo en las redes y que pueden llegar a ser muy violentos, que se desarrollan y se fortalecen a través de foros, de grupos conformados por personas que tienen en común el estar radicalmente en contra de las mujeres. Justamente, en uno de estos grupos parece ser que participa o conoce de primera mano nuestro protagonista, adolescente de trece años que termina vinculado a foros enmarcados en la llamada cultura incel, término en inglés que refiere al considerado célibe involuntario, lo que traducido a las expresiones que suelen usarse en nuestras instituciones uruguayas sería muy similar al uso despectivo, de burla, con que se refiere a alguien diciéndole que es “un virgo”, o sea, alguien que no ha tenido relaciones sexuales y que se le señala que probablemente no logre tenerlas por ser considerado una persona sin posibilidades de éxito en la conquista sexual. Y en la serie vemos cómo esos considerados “perdedores”, esos virgos, esos incels, terminan conformando comunidades donde fomentan discursos de odio y buscan desarrollar estrategias engañosas para lograr tener algún tipo de acercamiento sexual con el género opuesto. Lo cierto es que nuestro adolescente ingresa en ese mundo e incluso cuando está siendo entrevistado por la psicóloga, en el centro de reclusión, la increpa de manera muy violenta y llega a decirle que ella no entendía la situación porque era linda y, por lo tanto, no sabía lo que se sufría siendo feo, quedando expuesta una cuestión vinculada a la baja autoestima pero también a la identidad masculina relacionada con la presión de ser exitoso con las mujeres.

Uno piensa que en tiempos de diversidad, de apertura, de pluralidad, se procesa de mejor modo que en otras generaciones el relacionamiento entre lo masculino y lo femenino. Sin embargo, estamos asistiendo a reacciones y vínculos a veces complejos. Trabajé en el equipo de dirección de un liceo grande de Montevideo y estando allí tuvimos episodios donde algunos varones quemaron carteleras con información sobre el Día Internacional de la Mujer y la marcha de la diversidad, llegándose incluso al extremo de dejarse escritas frases en contra de tales acontecimientos y habiéndose pintado esvásticas en algunos de los salones y zonas cercanas a la entrada del liceo. Y estamos hablando de adolescentes de entre 15 y 17 años, que pudimos ubicar, hablar con ellos y encontrarnos con discursos muy similares a los que la serie señala que están sucediendo en Inglaterra. Acá también tenemos tal problemática, aunque en menor escala, claro. Cuesta comprender estos fenómenos. Lo hemos conversado en talleres de convivencia y alguno se ha animado a plantear esta cuestión de que como eran hombres se sentían atacados automáticamente desde los discursos de la diversidad y el movimiento feminista. Paradójicamente, entonces, para algunos de nuestros adolescentes varones la cancha en vez de abrirse se está cerrando hacia una alarmante cuestión sectaria en tono defensivo que puede llegar a convertirse en acción ofensiva. No es casualidad que, en tal sentido, muchos de los discursos extremistas que se dan en las redes terminen captando tantos jóvenes, convirtiendo a sus predicadores en influencers. Es preocupante. Tenemos el reciente caso del fundador y referente del grupo denominado Varones Unidos, que terminó cometiendo un brutal doble femicidio en Argentina. Observen el discurso que sostenía en redes y en sus presencias públicas. Hay que prestar atención a estas situaciones, estar alertas. Vemos en la serie que los padres y la propia policía local recién se van informando de toda esa situación de foros radicales asociada a la cultura incel a posteriori del hecho trágico.

Por otro lado, tenemos la exigencia de la pronta iniciación sexual en una sociedad tempranamente erotizada para nuestros niños. Estamos hablando de un adolescente de trece años que no ha tenido novia, que no ha tenido ningún contacto de tipo sexual y siente entonces que es un fracasado. Insisto, siendo todavía casi un niño ya cargaba con tales exigencias a cuestas por parte de su entorno. Y no es una cuestión solo entre varones, porque vemos como las chicas también participan de la burla, de la presión, insistiendo con aquello de que es virgen y que siempre lo será, poniéndolo en un lugar que aumenta su tensión en el marco de esa lógica del éxito sexual. Todos sabemos de la importancia que el adolescente le da al cómo lo ve el otro, a la necesidad de aceptación que tiene, al cómo lo condiciona tal cuestión. Jamie, nuestro protagonista, tiene la autoestima por el piso, está sometido por la mirada del otro, que lo ha colocado en un lugar que para él resulta terrible y finalmente desarrolla un discurso misógino y pasa a la acción directa cometiendo el peor de los actos en contra de aquella chica que era su objeto de deseo pero que lo ha rechazado y que luego se ha burlado señalándole en redes su condición de fracasado virgo.

Es muy importante trabajar en lo que tiene que ver con la educación sexual y poder fortalecer la autoestima de nuestros jóvenes, la concepción de la intimidad no como una exigencia ni como sinónimo de éxito o fracaso o de espacio de rendimiento. Sobre esto último, hay un dato que es brutal: el consumo de Viagra ha crecido fuertemente en la franja de los jóvenes veinteañeros. Y es un disparate, ciertamente, porque no es por un problema de disfuncionalidad, sino porque el espacio de la sexualidad también se ha convertido para muchos en un lugar de rendimiento exitoso Lo mismo sucede con el consumo de energizantes o el crecimiento del dopaje deportivo. Son fenómenos que dan cuenta de lo que estamos atravesando como sociedad. María Noel Míguez, a quien refería hace unos minutos atrás, habla de una sociedad empastillada. Y lo es sea para la ansiedad, para la depresión, para el rendimiento sexual, para el rendimiento deportivo. Y esto ha ido creciendo a escalas preocupantes y sucede también entre los adolescentes, que muchas veces incluso cuando van a fiestas bailables consumen pastillas para estar sosteniéndose allí durante horas y horas, o sea, que la fiesta puede también terminar convirtiéndose en una maratón de rendimiento sostenido.

Y voy al último punto, que tiene que ver, justamente, con los problemas de salud mental, que han crecido exponencialmente. En la serie no se desarrolla del todo la cuestión, porque tampoco se ve si hay diagnóstico y tratamiento, pero sobrevuela que hay una situación de salud mental que se revela en Jamie y que hay que atender, más allá de lo punitivo. Es fundamental la inversión en conformación y desarrollo de programas de equipos multidisciplinarios con énfasis en convivencia y salud mental. Es realmente imposible atender situaciones que se generan en nuestros liceos con unas pocas horas para una psicóloga o psicólogo, o referente sexual, por ejemplo, si es que la institución tiene suerte de disponer de tales profesionales. No contamos con asistentes sociales vinculados a escuelas y liceos que puedan trabajar directa y preferentemente en los territorios con la familia de nuestros alumnos. No podemos seguir pensando en la inclusión educativa como algo que sucede cuando el estudiante atraviesa el portón de la escuela o del liceo. Comienza mucho antes y en otros espacios, más allá de lo que suceda después puertas adentro de la institución educativa. Por esto mismo, y aquí avanzo en algunas propuestas concretas, es fundamental la fuerte participación de otros actores institucionales, porque los docentes terminamos cargando con muchas mochilas. Por momentos, oficiamos de padres, psicólogos, asistentes sociales, cumpliendo roles que nos sobrepasan y sintiendo que estamos yendo a la guerra con un tenedor. Y así es que muchos docentes se encuentran totalmente agotados, cansados, incluso algunos poniendo el cuerpo a la violencia ajena.

Es importante plantear y reclamar otros involucramientos. Por ejemplo, de la universidad y sus proyectos de extensión. Desde allí, se debe tener un vínculo mucho más fuerte con las instituciones de la ANEP, trabajando sobre todo en el hogar con las familias, ayudando a que luego la inclusión sea la mejor posible en la escuela y el liceo. Lo mismo con el Ministerio de Desarrollo Social y otros ministerios con énfasis en lo social. Hay que tener ese foco en la prevención y en la atención, tanto en las instituciones educativas como en los territorios familiares. No podemos seguir actuando a reacción. Tenemos que tener un plan nacional de prevención de violencia en instituciones educativas. Lo tenemos que tener y no lo tenemos. Seguimos actuando después que pasan los hechos. La salud mental tiene que ser una política estructural y transversal con prioridad en adolescentes y jóvenes. Es algo que ha estado en el discurso político permanentemente pero sigue sin aplicarse, sigue sin estar realmente presente, más allá de algún avance todavía insuficiente.

Y, por supuesto, se requiere también un fuerte trabajo en la formación docente. Desde nuestra formación como futuros profesionales de la educación debemos prepararnos para colaborar en construir una verdadera inclusión. Y luego de esa etapa de estudiantes, debemos continuar formándonos durante todo el trayecto profesional. Muchas veces, lamentablemente, estamos cargados de horas, corriendo de un liceo a otro, sin posibilidades de seguir formándonos como corresponde. Los espacios de coordinación, por ejemplo, deberían ser más amplios en horas para convertirse también en ámbitos de formación permanente en ejercicio, consolidando una sólida política educativa al respecto. Los desafíos son muchos y debemos estar actualizados y preparados, sin depender del voluntarismo y la posibilidad que algunos o algunas puedan tener de realizar posgrados, especializaciones, que nos permitan contar con mejores herramientas para enfrentar la compleja realidad que atravesamos.

Otro punto que propongo repensar es el del horario extendido. Más que seguir sumando horas y horas de asignaturas, debemos apostar por tener franjas interturnos que trabajen diariamente en tutorías, en acompañamientos pedagógicos, en talleres de convivencia, Para esto, aunque manteniendo las actuales asignaturas, es necesario disminuir los minutos de la hora de aula. Esto es fundamental, porque además -como lo decíamos hace un rato- tenemos un gran problema con la economía de la atención. Seguir sosteniendo módulos de 90 minutos es un disparate, tanto para estudiantes como para docentes. Y hacer ingresar a nuestros estudiantes liceales a las 7 y 15 o 7 y 20 de la mañana es contraproducente. Cognitivamente no estamos preparados. Pensemos que en buena parte del año lectivo a esas horas todavía es de noche. No podemos seguir sometiendo a los estudiantes a estar sentados en esos horarios en un salón de clases y que sostengan luego 5 o 6 horas de un trajinar de asignaturas una tras otra, con escasos minutos de recreo. Hay que replantear cuestiones que tienen que ver con pensar los modos en cómo están aprendiendo los estudiantes, en cómo nuestro propio armado institucional juega en contra del proceso educativo. Los contenidos culturales son el sentido de educar, por supuesto, pero terminan siendo afectados por estas otras cuestiones: de diseño, de convivencia, por el hecho de que estudiantes que no pueden pagarse un profesor particular no tengan tal posibilidad en la propia institución educativa. Debemos apostar porque los alumnos que están en mayor situación de vulnerabilidad puedan tener su espacio permanente de tutorías y acompañamientos. Recordemos que en nuestro país tenemos una desigualdad educativa muy marcada.

Y en esa franja interturnos debe trabajarse también en la convivencia. Hay que educar en la resolución de conflictos, incluyendo el uso responsable de espacio digital desde la primera infancia. Son cuestiones que tienen que tratarse desde los primeros años de la escuela, contando además con protocolos claramente definidos frente a situaciones de acoso escolar, tanto en lo presencial como en lo digital. A su vez, educar en la protección de la intimidad, reflexionando sobre la importancia de ponerle un freno la cultura de la exposición permanente. Tenemos que hablar mucho de este asunto, tanto en nuestras casas como en el aula. No hay por qué mostrarse todo el tiempo. Es importante protegerlos, dialogar sobre esa presión social que sienten por la imagen, por estar presentes en la red, reflexionar sobre el por qué nos condiciona tanto la mirada del otro. Creo que debemos llevar adelante campañas públicas de higiene digital. Me parece que es un término que tendríamos que empezar a utilizar. Hablar directamente de higiene digital, de tiempo necesario de desconexión de pantallas y reivindicar los encuentros presenciales. Hay que retomar el ritual de lo presencial y esto va de la mano con construir espacios de pertenencia comunitaria saludable, con que los jóvenes tengan ganas de estar en el espacio físico, sea en la plaza o en algún club del barrio, sea en ámbitos de convivencia en el liceo, sea en habituales charlas familiares en el hogar. Hay que evitar que terminen estando encerrados en el cuarto con el celular buena parte del día, generar actividades y brindarles otros lugares de los cuales puedan apropiarse, logrando que dejen un rato los aparatos y se vinculen entre sí, construyendo intercambios cara a cara.

Tenemos que apostar por este enfoque y padres, hijos, docentes y alumnos tenemos que volver a encontrarnos desde esos otros lugares. Hay una desconexión, lo planteaba en el comienzo, y es importante recuperar el esencial diálogo intergeneracional. Es importante escucharnos. Parte de la virtud que tiene esta serie -que es dura de ver, que te impacta- es que te deja en ese estado de conciencia de que algo hay que hacer y de manera inmediata, que debemos volver a comunicarnos, volver a conectarnos. Ojalá podamos recibir el mensaje, ojalá sepamos escuchar.

Por cierto, muchas gracias a ustedes por escucharme atentamente. Dialoguemos.

 

 

1 Serie estrenada en la plataforma Netflix en marzo de 2025, con gran impacto a nivel global, que se centra en el caso de un adolescente de 13 años que es acusado de haber asesinado a una compañera de clase.

2 Accesible en: https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/handle/20.500.12008/20285



(123)

A los lectores de @gesor que realizan comentarios, en particular a quienes ingresan en la condición de incógnito, no se molesten en hacer comentarios ya no son publicados debido a que no dejan registro de IP ante eventual denuncia de alguna persona que se sienta dañada por ellos.
Igualmente reiteramos lo que hemos escrito en anteriores oportunidades, que pueden referirse con la dureza que se entienda pertinente pero siempre dentro del respeto general y no discriminando ni agraviando, o con expresiones que de alguna manera inciten a la violencia. Los comentarios son una herramienta maravillosa que debemos preservar entre todos.

Quiere comentar esta noticia?

* Campos obligatorios
* Nombre:
* Correo Electrónico:
* Comentario:
* Caracteres

AGESOR - Soriano - Uruguay // (todos los derechos reservados )

powered by: Daniel Castro 2026
WordPress Appliance - Powered by TurnKey Linux