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(escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Donald Trump pasó de las palabras a los hechos, y ante una potencia como Estados Unidos, bien poco es lo que puede conseguirse con bravatas fuera de contexto. La época del heroísmo ha quedado registrada en la historia y en los mitos. Pero el mundo moderno funciona de otro modo. Hoy impera el poder destructor, inmediato, de los imperios.
Por eso, el problema para países sin ninguna relevancia internacional, ni política ni militar, como Chile, por ejemplo, la tarea del próximo gobierno, el de José Antonio Kast, no solo es convivir de la mejor manera con los Estados Unidos, un país con el que siempre, salvo en estos cuatro últimos años, ha mantenido amistosas y convenientes relaciones, sino también con China, su principal socio comercial con el que el gobierno de Boric, mandatado por el Partido Comunista, ha profundizado una amistad que también le ha traído al país serias consecuencias y es el otro eje del conflicto.
Naciones como las nuestras, de esta parte del mundo, hace mucho tiempo que se las arreglan como pueden en sus relaciones con estas potencias. Desde que los organismos internacionales, supuestamente encargados de mantener el orden mundial, y la paz, dejaron de funcionar como tal y se convirtieron también en títeres de estas potencias. ¿Cuál es la importancia de la ONU, por ejemplo, en el concierto internacional? Ninguna. Nadie la toma en cuenta y su famoso multilateralismo no es más que otro de sus tantos eslóganes que no tienen mucho asidero en la convivencia planetaria.
En un panorama geopolítico dominado por China y Estados Unidos, América Latina es un trofeo que no debe perderse para el otro. China ha expandido sus tentáculos de dragón hambriento por la región y los Estados Unidos no están dispuestos a que así sea, porque América es para los americanos, lo ha dicho Donald Trump. El problema es saber qué entiende él por “americanos”. En todo caso, entienda lo que entienda, lo cierto es que Chile, cuya diplomacia ha sido nefasta en el gobierno de Boric, una diplomacia ni siquiera de aprendices, se encuentra perdida en medio de las dos potencias.
El motivo que desató la ira de Trump, el proyecto Chile China Express, a cargo de dos empresas chinas y que uniría el puerto de Valparaíso con Hong Kong, fue considerado por Donald Trump un riesgo para ellos y la región, por el traspaso de datos delicados, y que culminó con la revocación de las visas diplomáticas de tres funcionarios del gobierno acusados de “dirigir, autorizar, financiar y prestar apoyo y/o llevar a cabo actividades que comprometieron infraestructuras críticas de telecomunicaciones y socavaron la seguridad regional de nuestro hemisferio”.
Pero, en realidad, al gobierno de Boric solo le queda soportar la humillación que significa la medida que pone la guinda de la torta a una relación que, para ser honestos, tuvo en el presidente chileno, al único responsable de lo recibido por Donald Trump. Nunca privilegió los intereses de Chile por sobre sus gustitos personales ni su ideología. Para tratar con personajes como el presidente estadounidense, es necesario talento, inteligencia y sabiduría. Y Gabriel Boric nada de esto tiene. Es un aprendiz incompetente y como tal, hundió a Chile, dentro y fuera.
Será el próximo gobierno, que asume el 11 de marzo, el que tendrá que moverse con la inteligencia diplomática necesaria que se traduce en mesura diplomática, para no enemistar a los chinos, el principal socio comercial, ni a los Estados Unidos, con tres años más de Donald Trump en la Casa Blanca, que de ser una aliado tradicional de Chile, pasó a ser un verdadero dolor de cabeza, no para el nefasto gobierno que se va y responsable absoluto de la crisis diplomática que tanto daño le hace al país, sino para el gobierno de José Antonio Kast.
Sí, Gabriel Boric y su gobierno de aprendices incompetentes, corruptos y arrogantes hundieron Chile. Lo dejaron en la ruina y destruyeron sus relaciones internacionales. El cablecito no fue más que otra de sus tantas idioteces diplomáticas.
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