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En ese contexto —con presencia confirmada de Influenza Aviar en aves silvestres y sin casos en la producción comercial— la Dirección General de Servicios Ganaderos (DGSG) del MGAP, en coordinación con el sector productivo, participó este 2 de marzo en una reunión virtual para ajustar protocolos y reforzar las medidas de bioseguridad en todo el sistema.
La exposición técnica estuvo a cargo de integrantes del equipo de Sanidad Avícola, quienes plantearon con claridad el escenario actual: el momento exige anticipación, disciplina y notificación inmediata ante cualquier señal de riesgo.
Lo invisible también enferma
Uno de los aspectos que genera mayor atención es el comportamiento del virus en aves de larga vida, como reproductoras y ponedoras. Al estar vacunadas, pueden presentar cuadros menos evidentes. No siempre hay signos dramáticos ni mortalidades repentinas. A veces, apenas indicios.
Por eso se insistió en extremar la vigilancia clínica y en no relativizar ningún síntoma compatible.
La consigna fue clara: toda sospecha y toda mortandad por encima de lo habitual debe comunicarse de inmediato al MGAP. En situaciones como esta, la notificación temprana no es un trámite administrativo: es la herramienta más eficaz para evitar la difusión del virus, permitir una rápida intervención sanitaria y mitigar al máximo los riesgos.
Blindar antes de lamentar
Durante la reunión se reiteró una idea que sintetiza el enfoque preventivo: “blindar los galpones”.
Esto implica reforzar medidas concretas y cotidianas, ejecutadas con rigor:
- Mantener los portones cerrados.
- Verificar permanentemente el estado de las mallas antipájaro.
- Realizar limpieza y desinfección exhaustiva del calzado antes de ingresar.
- Utilizar indumentaria exclusiva dentro de la granja.
- Exigir baño sanitario en establecimientos de reproductoras.
- Establecer recorridos definidos entre galpones, evitando zonas de vegetación.
El objetivo es reducir al máximo el riesgo de introducción del virus desde aves silvestres hacia las aves comerciales.
El riesgo también está en el entorno
Las granjas que cuentan con tajamares, lagunas o cañadas constituyen puntos sensibles, ya que estos ambientes suelen ser lugares de descanso para aves migratorias.
En estos casos se recomendó evitar que personas, mascotas o animales domésticos circulen por esas zonas si posteriormente tendrán contacto con los galpones. Asimismo, se reiteró que no debe utilizarse agua proveniente de tajamares, lagunas o cañadas para bebederos ni para aspersión dentro de las instalaciones.
En un escenario sanitario como el actual, los detalles operativos se transforman en barreras sanitarias.
Una frontera que no es geográfica
También se puso especial atención en las obras en construcción y en el intercambio de personal, equipos y materiales entre establecimientos, especialmente considerando que en países vecinos la influenza aviar ha tenido impacto en la producción comercial.
El movimiento frecuente de choferes, operarios o contratistas puede convertirse en un vector si no se extreman las medidas de desinfección y el cumplimiento de los períodos de vacío sanitario. En ese sentido, se recomendó proporcionar uniforme completo al personal de plantas de alimentos, en particular a los choferes que visitan múltiples granjas.
La vigilancia como estrategia
La reunión concluyó con un mensaje que resume el momento sanitario: la enfermedad no está en las granjas comerciales, pero la prevención es clave para reducir el riesgo de introducción.
El desafío inmediato es trasladar estas recomendaciones a todos los productores fasoneros en el menor plazo posible. La coordinación técnica y la disciplina operativa constituyen hoy la principal defensa de la producción aviar nacional frente a un virus que circula silenciosamente en el entorno natural.
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