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En la sala del anfiteatro de Casa de la Cultura de Mercedes, con la presencia de autoridades departamentales y de las diversas Iglesias Evangélicas de la capital sorianense, además de público en general, Pedro Lapadjian presentó su libro "Más Huellas. Conociendo la Iglesia Uruguaya al inicio del Siglo XXI".
En la oportunidad, previo a la charla general dialogó en conferencia prensa con los medios, incluido @gesor, cuyo contenido compartimos con nuestros lectores.
¿Qué es lo que reúnen las páginas de este nuevo libro, Más Huellas?, ¿qué es lo que se quiere transmitir al lector?
"El libro "Más Huellas" viene como resultado del "Huellas de una Iglesia", que lo terminé hace más de 30 años.
Fue mi tesis para el posgrado en Teología, que finalmente lo terminó publicando una casa editorial y se transformó sin saberlo, porque no era más ni menos que una tesis para un estudio, se transformó en un referente para estudiantes de Teología, para historiadores uruguayos, hasta fue mencionado en el Parlamento como un material hablando de los protestantes en Uruguay, pero ese libro fue terminado hace 35 años.
La historia es dinámica, continúa avanzando, el mundo ha tenido cambios tecnológicos, sociales, políticos, económicos, de costumbres, culturales, y por lo tanto la Iglesia Evangélica, que no es una isla, acompañó ese proceso.
Entonces, como resultado del "Huellas de una Iglesia", apareció el "Más Huellas", para hablar de la Iglesia Evangélica en este milenio, en el tercer milenio y poner una actualización de la misma".
¿Qué es lo que ha cambiado en la Iglesia Evangélica del Siglo XX al Siglo XXI?
"La Iglesia siempre acompañó los procesos de la sociedad, entre otras cosas, yo creo que hay una Iglesia con mayor crecimiento, está el crecimiento cuantitativo, hay una mayor convocatoria en congregaciones y en asistencia a las mismas, pero también el crecimiento cualitativo, no solamente cuántos somos, sino qué es lo que la Iglesia está haciendo.
Creo que una de las cosas que ha cambiado es una mayor conciencia de las necesidades sociales y emocionales del pueblo, a lo cual la Iglesia Evangélica ha dado, y está dando, un gran aporte.
Hay merenderos, hay acompañamientos, por ejemplo, en programas contra el abuso sexual infantil, temas que están vinculados a la depresión, al suicidio, a la familia, valores sustanciales, pero también muchas congregaciones, muchos grupos, han tenido herramientas prácticas para ayudar a jóvenes que están con el tema de las adicciones y que tanta problemática están trayendo al país. Y a la vez las Iglesias Evangélicas funcionan como una gran red de contención para muchísimas personas, trayendo esperanza en un país donde la depresión y el suicidio siguen manteniendo las tasas más altas de América Latina y entre las primeras del mundo".
En materia de la ideología en general, ¿se cambió algo dentro de la Iglesia, en este caso la Evangélica, respecto a lo que se pensaba antes a lo que hoy se piensa? Teniendo en cuenta que ha habido cambios culturales por parte de los distintos gobiernos que han estado en nuestro país y en la región también, ¿se ha cambiado algo al respecto?
"Hay que tener en cuenta que hay algunos elementos que son básicos y fundamentales, que son los dogmas y las creencias que toda fe cristiana tiene.
La Iglesia Evangélica en líneas generales ha mantenido esos dogmas. Los valores que han sustentado a la Iglesia en líneas generales también se mantienen iguales. ¿Por qué digo en líneas generales? Porque dentro del protestantismo, dentro de los grupos evangélicos, también hay corrientes diferentes.
Algunas corrientes pueden haber modificado algunos de sus pensamientos, pero en líneas generales se ha mantenido todo eso. Hay un cambio, sí, en las formas de comunicar. Especialmente la pandemia nos trajo una nueva modalidad de comunicación y nos demostró que si bien las reuniones presenciales son importantes, aún podemos seguir siendo Iglesia en la no presencialidad.
Y muchos experimentaron un notable crecimiento".
¿Hay una pérdida de fe en la gente?
"No. Yo creo que en líneas generales, por ejemplo, el país, el Uruguay, ha sido tradicionalmente agnóstico y ateo.
La práctica religiosa es de las más bajas del continente y quizás en el mundo. Llama mucho la atención. Incluso a los que se llaman cristianos muchas veces es sin ninguna adhesión institucional.
Yo creo que hay en estos últimos tiempos una mayor espiritualidad. Y cuando hablo de espiritualidad, no necesariamente cristiana. Una mayor búsqueda o una mayor necesidad de lo trascendente que a veces tiene apego a los lineamientos cristianos, pero a veces colisiona con ellos.
De cualquier modo, el pueblo evangélico ha crecido, pero lo que ha diferenciado son esas modalidades.
Yo mismo estuve por primera vez en Mercedes con una carpa en el año 1982. Ese año hicimos una gira, Dolores, Mercedes, Fray Bentos y Young.
Y había multitudes que se congregaban, pero fuimos viendo que esa modalidad no era tan efectiva para convocar y transmitir el mensaje. Y es allí que empezamos a tener otras formas de actualización.
En líneas generales en el país hubo un avance de la iglesia, pero hubo una modificación en las formas de comunicar la fe.
Por ejemplo, cuando nosotros comenzamos a salir con esa carpa que recorrimos más de 120 ciudades del país, y en algunos casos fuimos más de una vez durante 40 años, en una transmisión que hacemos un domingo, nosotros desde nuestro templo tenemos más visualizaciones que las que pudieran haber todo un verano en las convocatorias con la carpa.
Entonces, ha crecido el número de convocantes, ha crecido también el avance hacia lo tecnológico, pero quizás algunas modalidades fueron quedando en costado".
¿Cómo ve esta violencia extrema, pensando en las guerras que están ahora, pero también viendo la violencia que hoy se vive incluso hasta en el Uruguay, con hechos de sangre a diario en todos los lugares?
"Hay una agrupación que reúne políticos de todo el continente.
El año pasado hubo una convocatoria en Asunción, Paraguay, y ahora para mayo la convocatoria va a ser en Buenos Aires.
Y me invitaron a dar una conferencia titulada "Hacia una cultura de paz". Y entonces allí yo digo que en el título hay un mensaje implícito.
Si vamos hacia una cultura de paz es porque reconocemos que estamos en una cultura de violencia.
Y lamentablemente las violencias las estamos clasificando.
Está la violencia doméstica, la violencia de género, la violencia sexual, la violencia deportiva.
Es decir, las violencias las estamos clasificando, pero en definitiva nos está hablando de la agresión del hombre hacia el propio hombre.
Es terrible lo que acaba de pasar, que todos lo escuchamos en los informativos. Este muchacho que termina asesinando a su padre, cuando su padre a su vez era el violador de él, de todas sus hermanas, de su madre.
Es decir, algo terrible. Y uno se pregunta, ¿cómo surgen estos monstruos en medio de la sociedad?
La respuesta precisamente desde la fe es que le hemos dado la espalda a Jesús, quien en la Biblia es considerado el príncipe de paz. Entonces cuando nosotros vamos a las comunidades cristianas, precisamente todas las señales de violencia se van erradicando.
Por supuesto que a las congregaciones cristianas ingresan personas que en algún momento llevaron tobilleras por violencia doméstica, que estuvieron presos por violencia, hasta por violencia sexual, pero a partir de una experiencia de fe sus vidas cambiaron y en las comunidades de fe empiezan a tomar otros valores, otras formas de vivir que los transforman en personas dichosas.
Más que la violencia, yo creo que tenemos que empezar a considerar las causas a través de las cuales se va generando ese marco de violencia, esa cultura de violencia donde estamos naturalizando.
Por ejemplo, no podemos ir a un clásico del fútbol uruguayo y tenemos que separar las hinchadas o tener de alguna manera escenarios donde una hinchada no vaya a la del otro, pero yo cuando era un adolescente iba con mis amigos de diferentes equipos a la misma tribuna, era normal, era natural, eran las bromas que nos gastábamos entre los amigos, pero nunca habían episodios de violencia.
Estamos perdiendo valores y yo creo que a partir de la fe se recuperan muchísimos de estos valores.
Incluso toda la violencia que se genera por el tema del narcotráfico, la droga, hoy nuestras iglesias tienen una enorme cantidad de personas que o se convirtieron en las cárceles o en esas situaciones donde la gente empieza a escuchar que hay otra forma de vivir, que existe la posibilidad de un cambio, y entonces todos estos grupos cristianos, evangélicos, están ayudando a las personas a salir de la situación y a tratar no con la violencia sino con el problema que está generando que sean violentos".
¿Cómo es la relación con los jóvenes? Usted habló de lo comunicacional como cosa importante que ha ido transformando la llegada a la gente. ¿Cómo es la relación de la iglesia evangélica con los jóvenes? ¿Con qué nos vamos a encontrar, por ejemplo, si nos quedáramos un rato acá en la convocatoria? "Específicamente en Mercedes no lo puedo decir porque evidentemente yo vengo como un invitado, entonces vengo a participar. Yo le puedo hablar de lo que pasa en nuestra propia comunidad.
Hace dos domingos yo estaba hablando acerca de las nuevas generaciones porque el próximo sábado, no mañana sino el otro sábado, vamos a tener un congreso donde convocamos maestros de escuela dominical de todo el país y el tema va a ser impactando generaciones.
¿Cómo haremos que todos estos valores y principios y esta fe sea comunicada a las nuevas generaciones?
Hace dos domingos yo mostraba una foto a la iglesia hablándoles de la iglesia del futuro y esa foto eran los últimos tres campamentos que nosotros tuvimos.
Campamento de niños, campamento de adolescentes y campamento de jóvenes.
Y en esas tres fotos había 500 menores de 30 años con los cuales estamos trabajando.
Hay muchas iglesias que están teniendo un fuerte impacto entre la juventud. Se habla mucho que la generación Zeta está detrás de lo trascendente y buscando recuperar lo que en un tiempo se perdió y eso lo estamos notando, por ejemplo, en nuestros adolescentes, en nuestros jóvenes, la búsqueda de valores, de principios, de algo que vuelva a traer solidez, presencia, frescura a un mundo que está totalmente en decadencia.
Pero respondiendo específicamente, algunas iglesias lo logran con más éxito y otras no tanto, pero en líneas generales en todas las organizaciones evangélicas se realizan eventos para jóvenes con muy buena presencia".
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